Puedo reunir todo el conocimiento del mundo y jamás lograría comprenderte siquiera un poco, podría estudiar toda la historia y no imaginaría ni el principio de la verdad, cuestiono a diario cada suceso y circunstancia a mi alrededor solo para alimentar la confusión que reina en mi mente.
¿Por qué dejas que mi cerebro se enrede de esa manera? ¿Por qué no me diste esa fe ciega que tiene la mayoría de mi prójimo? O por lo menos, ¿por qué no dejas que sea lo suficientemente atea para no querer necesitarte? Ando en un laberinto cuya salida ignoro, y tengo miedo de quedar atrapada sin siquiera haberme acercado un poco a ti. Mi mente cuestiona casi todo lo que pasa pero cuando el dolor me aflige y al tristeza me visita, es a ti a quien busca mi corazón para sentir alivio...
No tengo ninguna de las costumbres estipuladas por las religiones y que se supone son de tu agrado, tampoco tengo la fe suficiente para recurrir a tu hijo, pero sé lo que tengo: Miedo, confusión y soy tan común y corriente que me compadezco.
Cuando alguien me habla de ti con seguridad y fe, mi espíritu se apacigua y se alegra al oír esas palabras que se adhieren fácil a mi percepción en ese momento, pero el temor sigue latente, lo que mi lógica no entiende, es acogido por mi corazón ( al que por cierto poco comprendo ). Soy feliz cuando me hablan de ti y me hacen creer que estás al alcance de mi comprensión y que más temprano que tarde entenderé TODO. Ese TODO que me da miedo y a la vez me llama a conocerlo, ese TODO que parece jugar conmigo y me recuerda que no soy nada, ese TODO que me es esquivo y siento que lo necesito.
Dios, Dios, Dios, nunca me ha preocupado cómo llamarte pues aprendí que es ofensivo reducirte a un nombre... De verdad anhelo sentirte, que mi vacío desaparezca y que renazca mi esperanza, pues solo he sido capaz de ver el lado gris de lo que me pusiste en frente... Te necesito, te quiero, te temo y no te entiendo.
La fe nunca ha sido mi fuerte pero en el fondo de mi corazón siento tu presencia, tu compañía y aunque no siga el protocolo impuesto no sé por quién, sé que me escuchas, lo que no sé es qué vas a hacer conmigo, uno de tantos seres que creaste y que olvidaste llenar de fe para dejarme en manos de la lógica que contigo no me ayuda.
Quiero llegar a ti y no sé cómo hacerlo, o tal vez crea saberlo pero no me convence el proceso, te hablo siempre a TI, sin intermediarios ni mensajeros, me atrevo a hablarte a TI porque eres lo que siento que necesito, me asusta tu grandeza y aún así te hablo a TI directamente, porque eres el único que me puede guiar y transformar para no seguir perdida en el camino. Ayúdame, guíame, enséñame, pero no me confundas, por favor.
Me encantaría entregarte esta carta pero sé que conoces su contenido, incluso antes de que lo escribiera.
Te seguiré buscando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario