martes, 29 de marzo de 2022

Tal vez versos, tal vez no.


Lágrimas pesadas, lágrimas que brotan, se secan y se apagan.

Risas vacías, sonrisas falsas, gestos inertes, miradas no válidas.


Manos que tocan, manos que palpan, manos que no sienten,

si es caricia, golpe  o nada. 

 

Oigo ruidos, escucho palabras, entiendo argumentos, 

ignoro tramas, desconozco idiomas y no sé de poesía,

si esto se le parece, mil disculpas, no sabía.

 

Miro de todo, veo mucho más, 

observo a unos pocos y sin mayor gracia, 

me canso y te vas.


Disfruto del comer, las papilas son mi guía, 

pero cuando de besos se trata, 

olvido si paraba o seguía.


Olores que marcan, olor a ti, 

olores y aromas pero en el tuyo me perdí.


Se entrelazan los dedos, se reflejan las miradas, 

se conectan los cuerpos y luego seguimos como si nada. 


Besos ardientes, besos sublimes, 

hay besos muy largos y besos que redimen.


Abrazos constantes, abrazos sinceros, 

hay abrazos fuertes y abrazos con un "te quiero".


Memorias vivas, recuerdos fantasma, 

imágenes que vibran y palabras que no bastan.


Deseos reprimidos, deseos que pesan, 

deseos sin cumplir que no desaparecen ni cesan.


Suspiros profundos, respiración acelerada, 

se altera el pulso y arde la sangre como lava.


Hace frío, empieza a llover; una cobija, 

un chocolate, tú hombre y yo mujer...


Sin pasado no hay historia, sin presente no hay vida, 

sin futuro no habrá gloria y el tiempo se extinguiría.

 

Primer beso, primer abrazo, primer encuentro y último ocaso.

 



viernes, 25 de marzo de 2022

Una carta para Dios.


Puedo reunir todo el conocimiento del mundo y jamás lograría comprenderte siquiera un poco, podría estudiar toda la historia y no imaginaría ni el principio de la verdad, cuestiono a diario cada suceso y circunstancia a mi alrededor solo para alimentar la confusión que reina en mi mente.

¿Por qué dejas que mi cerebro se enrede de esa manera? ¿Por qué no me diste esa fe ciega que tiene la mayoría de mi prójimo? O por lo menos, ¿por qué no dejas que sea lo suficientemente atea para no querer necesitarte? Ando en un laberinto cuya salida ignoro, y tengo miedo de quedar atrapada sin siquiera haberme acercado un poco a ti. Mi mente cuestiona casi todo lo que pasa pero cuando el dolor me aflige y al tristeza me visita, es a ti a quien busca mi corazón para sentir alivio...

No tengo ninguna de las costumbres estipuladas por las religiones y que se supone son de tu agrado, tampoco tengo la fe suficiente para recurrir a tu hijo, pero sé lo que tengo: Miedo, confusión y soy tan común y corriente que me compadezco.

Cuando alguien me habla de ti con seguridad y fe, mi espíritu se apacigua y se alegra al oír esas palabras que se adhieren fácil a mi percepción en ese momento, pero el temor sigue latente, lo que mi lógica no entiende, es acogido por mi corazón ( al que por cierto poco comprendo ). Soy feliz cuando me hablan de ti y me hacen creer que estás al alcance de mi comprensión y que más temprano que tarde entenderé TODO. Ese TODO que me da miedo y a la vez me llama a conocerlo, ese TODO que parece jugar conmigo y me recuerda que no soy nada, ese TODO que me es esquivo y siento que lo necesito.

Dios, Dios, Dios, nunca me ha preocupado cómo llamarte pues aprendí que es ofensivo reducirte a un nombre... De verdad anhelo sentirte, que mi vacío desaparezca y que renazca mi esperanza, pues solo he sido capaz de ver el lado gris de lo que me pusiste en frente... Te necesito, te quiero, te temo y no te entiendo.

La fe nunca ha sido mi fuerte pero en el fondo de mi corazón siento tu presencia, tu compañía y aunque no siga el protocolo impuesto no sé por quién, sé que me escuchas, lo que no sé es qué vas a hacer conmigo, uno de tantos seres que creaste y que olvidaste llenar de fe para dejarme en manos de la lógica que contigo no me ayuda.

Quiero llegar a ti y no sé cómo hacerlo, o tal vez crea saberlo pero no me convence el proceso, te hablo siempre a TI, sin intermediarios ni mensajeros, me atrevo a hablarte a TI porque eres lo que siento que necesito, me asusta tu grandeza y aún así te hablo a TI directamente, porque eres el único que me puede guiar y transformar para no seguir perdida en el camino. Ayúdame, guíame, enséñame, pero no me confundas, por favor.

Me encantaría entregarte esta carta pero sé que conoces su contenido, incluso antes de que lo escribiera.

Te seguiré buscando.


Carta de una joven a la soledad.

No te puedo desprender de mí o simplemente no quiero hacerlo; confundes y aclaras mi existencia, huyo de ti y luego te busco desesperadamente, te juzgo y te defiendo, te condeno y luego te justifico.

Eres ese algo que jamás haya tenido durante tanto tiempo, eres ese algo que me empuja y me equilibra, me hiere y me cura, así no más, sin dar explicaciones ni dar argumentos, sin necesitar justificaciones, sin atender reproches... Tan natural como un amanecer y tan necesaria como el aire que respiro, así, estática, muda e inevitable, así es tu existencia, así es tu presencia, sin leyes, sin dueño, solo tú y tu compañía permanente en los corazones humanos.

Clavas una daga fría y filosa que no mata, pero deja una herida abierta por la que se desangran los corazones retraídos y despojados, esos que manejas a tu antojo, disfrutando su agonía y desesperación.

¿Quién te creó? No pudo haber sido Dios, pues hasta Él ha sido tu víctima y lo indujiste a crear al imperfecto ser humano del que haces parte o eres dueña si te place, supongo que Él solo quería calmar un poco eso que haces nacer hasta en la divinidad.

¿Cómo haces para dar alivio y regocijo y luego sin más ni más produces el dolor más grande que se pueda soportar?

No entiendo tu propósito y enloquecería tratando de hacerlo, me conformaría con encontrar algo para neutralizar tu hechizo, ese hechizo dulce y mortal que lanzas a cada ser haciéndolo tuyo por el resto de su existencia.

¿Quién te da el poder para gobernar sobre las almas vacías y confundidas? ¿De qué depende que seas la mejor aliada o la peor de las pesadillas? ¿Cómo es que te aborrezco tanto y luego te busco para refugiarme en ti?

Eres ese algo que jamás me abandona, pues nunca he sentido que te vayas; te has hospedado ilimitadamente en las profundidades de mi corazón y ahí permaneces siempre lista para atacar por placer o para acudir a mi llamado.

Eres hermana de la tristeza, amiga de la nostalgia, prima de la melancolía, madre de la decepción, esposa del dolor, diste a luz a la ingratitud y haces el amor con la indiferencia...

No trabajas ni para el bien ni para el mal, estás por tu cuenta, tu reinado independiente sobre los pobres mortales.

La muerte es tu mejor amiga, es la encargada de dar el último abrazo a los corazones abatidos por ti, ella envuelve los sueños en su capa y da fin a quien un día consumió oxígeno en este mundo. Tú la provocas a ella y ella te produce a ti... No critico tus amistades, solo plasmo en estas letras lo que has producido en mi esencia a lo largo de los años; creo que soy una de tus mejores obras, tengo el enigmático vacío que nada ni nadie ha podido llenar, poseo la confusión más espesa que el lodo mismo de la duda, hay una ira muda en mi alma y el frío cortante de la decepción en todo mi ser. Sin embargo, he sentido que me cuidas, me proteges y me aíslas para que no caiga nuevamente en ese campo minado oculto bajo pétalos de rosa en el que se cae una y otra vez mutilando algún sentimiento.

Eres tan necesaria, pero en exceso eres mortal, se requiere consumirte en pequeñas dosis para disfrutarte, yo no he aprendido a consumirte y tomo a cántaros ese dulce veneno del que estás hecha, por eso me tienes, me posees y me das pequeñas salidas para que compruebe por mí misma que estoy mejor contigo, eres feliz dejando que me vaya optimista y vuelva decepcionada y dolida de lo que me encuentro sin buscar y de lo que busco sin hallar. Hasta ahora tienes el control absoluto, porque cada experiencia es una derrota para mi voluntad y una victoria para ti. Pero no todo es tragedia ni lamentos, de cada golpe he aprendido y he adquirido fortaleza, si no fuera así, tú no tendrías el poder que ahora tienes y a pesar de lo dramático que he escrito, deseo que continúes ahí para mí; gracias a ti he aprendido a conocerme, a fortalecerme y a aislarme sin extrañar lo que nunca tuve en realidad.

A ti te debo gran parte de lo que he aprendido; inspiras mi pensamiento y estremeces mi razón. Eres la compañía más duradera que alguien pueda tener pero que no se desea del todo, eres mi amiga y mi verdugo, mi guía y mi perdición, te pertenezco y eres mía.

¿Cómo llamarte, quién te bautizó? Hija de nadie, compañera de todos y tormento de la mayoría; jamás desaparecerás pues encarnas la desaparición de todo y en la nada, solo habitas tú: Eterna soledad.

Llanadas

Rodeado de montañas con más caminos que gente, perdura ese pueblito que pareciera detenido en el tiempo. Sus pocas calles guardan un montón de historias; unas muy conocidas y otras aún por descubrir y contar.

Esas calles que en sus esquinas tienen la huella de varios corazones rotos, la alegría de algunas reconciliaciones y la satisfacción de haber compartido con los amigos de aquella época esa alegría característica de la adolescencia.

Los años de colegio, de primeros amores y decepciones, de largas charlas y trasnochos, todo eso pareciera quedarse plasmado en cada muro por la tinta invisible de la melancolía.

Miro atrás y veo con nostalgia, que el tiempo sí ha pasado, no se ha detenido y los años han ensamblado la inevitable adultez que cuesta trabajo asimilar y que no es nada sencillo sobrellevar. Esos días de tareas, vacaciones, aventuras y amigos, dejan de existir para dar paso a las inevitables preocupaciones y responsabilidades que sin excepción, todo adulto adquiere.

Ese pueblito se quedó con una parte de mi vida que recuerdo con gran cariño, y cuando voy, vislumbra en esas calles donde la memoria revive la época aquella que atesoro en mi corazón. 

No sé si seré la única que tiene esa melancólica percepción, pero estoy segura de que la mayoría alberga esos recuerdos que parecen recobrar vida en cada visita al pueblo.

Quiero recorrer de nuevo esas calles y descubrir que el tiempo ha hecho lo suyo, que lo que recuerdo ya no es ni está...



No son sólo trizas.


 Lo que se ha derrumbado y ha perecido, no son sólo trizas, era la esperanza misma que hoy ha desaparecido.

Si busco en los restos, en los escombros y en los despojos, no encuentro más que polvo y abandono...

No son sólo trizas, son los recuerdos de lo que empezamos pero no supimos terminar, perdió solidez y continuidad y ahora hay un retazo de piezas destrozadas sin orden ni origen aparente.

Deambulo por mi memoria buscando un consuelo y me aparto de este presente que me pesa cada vez más, no espero el sol naciente ni me interesa el ocaso, tan solo doy pasos que no sé a dónde van...

23/11/2004

 Era un grito atrapado en un suspiro, una lágrima camuflada en una triste sonrisa y un abrazo atado al olvido; era un alma como todas, encer...